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Recuperar la calma
Vivimos en un momento en el que resulta fácil sentir que tenemos que estar disponibles constantemente: Trabajo, responsabilidades, noticias, redes sociales, mensajes y preocupaciones pueden mantener nuestra mente en un estado de alerta casi permanente y por eso, preguntarnos cómo recuperar la calma se ha convertido en una necesidad cada vez más frecuente.
La calma no significa que desaparezcan los problemas o que dejemos de sentir emociones desagradables. Recuperar la calma consiste, en buena medida, en aprender a regular nuestro nivel de activación y encontrar espacios para volver a sentirnos presentes.
¿Por qué nos cuesta tanto recuperar la calma?
Cuando acumulamos estrés durante mucho tiempo, nuestro organismo puede mantenerse preparado para responder ante posibles amenazas. Esto puede traducirse en tensión muscular, pensamientos repetitivos, irritabilidad, cansancio, dificultades para dormir o sensación de estar continuamente “con la cabeza llena”.
Además, intentar eliminar rápidamente estas sensaciones puede generar todavía más frustración. En ocasiones, necesitamos dejar de luchar contra lo que sentimos y empezar a escucharlo.
Cómo hacerlo en el día a día
Existen algunas estrategias sencillas que pueden ayudarnos a reducir el nivel de tensión:
Haz una pausa consciente. Dedicar unos minutos a respirar tranquilamente y prestar atención a las sensaciones corporales puede ayudarnos a salir del piloto automático.
Reduce la sobreestimulación. Alejar durante un rato el móvil, las redes sociales y otras fuentes de información puede proporcionar un descanso mental.
Ordena tus preocupaciones. Escribir aquello que te preocupa puede ayudarte a diferenciar lo que puedes resolver de aquello que escapa a tu control.
Cuida tus rutinas básicas. Dormir suficientemente, alimentarte de forma regular y realizar actividad física tienen un papel importante en el bienestar psicológico.
No intentes hacerlo todo a la vez. Establecer prioridades y aceptar que no podemos llegar a todo puede disminuir la sensación de presión.
Recuperar la calma también implica escucharte
A veces, el estrés no aparece porque estemos haciendo algo mal, sino porque llevamos demasiado tiempo ignorando nuestras propias necesidades. Preguntarnos qué necesitamos, qué límites estamos sobrepasando o qué situaciones nos están desgastando puede ser un primer paso para realizar cambios.
Si la ansiedad, el estrés o la sensación de desbordamiento se mantienen y empiezan a interferir en tu descanso, tus relaciones o tu vida cotidiana, buscar ayuda psicológica puede ser una forma de empezar a comprender qué está ocurriendo.
La terapia puede ofrecer un espacio seguro para identificar las causas del malestar, aprender estrategias de regulación emocional y desarrollar una relación más saludable con nuestros pensamientos y emociones.
Recuperar la calma no significa tener una vida sin problemas. Significa aprender a afrontarlos sin sentir que tenemos que estar en alerta todo el tiempo.
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